Hoy os quiero hablar de mi última experiencia gastronómica: Tribut, un imprescindible del Port de Barcelona. Era uno de esos sitios que tenía pendientes desde hacía tiempo, y por fin encontré el momento para ir. Llegué dispuesta a disfrutar de lo que lo hace especial: un espacio cuidado, un diseño bonito y unas vistas que enamoran y que te hacen sentir bien desde el primer momento.
Un espacio reciente en el Port de Barcelona
La zona del Port Olímpic ha cambiado radicalmente en los últimos años. Cerraron todo lo que había y lo han transformado por completo. Ahora es más abierta, más luminosa y con esa mezcla de mar y arquitectura que funciona a la perfección, un tándem que enamora.
El Tribut Restaurant:
Tribut, un imprescindible del Port de Barcelona
El sitio es precioso. Todo está cuidado y transmite calma desde que entras. Además, la sala es luminosa, agradable y diseñada con muy buen gusto. Todo está orientado al mar, y las vistas acompañan durante toda la estancia. Después de hablarlo con la persona que nos atendía (muy amable, por cierto), decidimos pedir varios platos para compartir, un arroz como principal, dejar espacio para el postre y acompañarlo todo con buenos vinos que maridaran bien y se adaptaran a nuestros gustos.
Como siempre digo, es mejor comer para creer, pero os dejo un “ver para creer” con los platos que probamos.
Elegimos dos tintos de La Rioja: Cabezaparda y La Rellanilla. El primero es más fresco dentro del estilo, con fruta roja y muy agradable de beber. La Rellanilla tiene más cuerpo y profundidad, perfecto para el arroz. Dos vinos distintos pero que encajaron muy bien con toda la comida.
Comimos muy bien, pero no podíamos irnos sin probar estos postres tan originales y ricos.
Torrija Gaudí: hecha con focaccia, crema catalana quemada, crumble de almendra y un sorbete de mandarina con vermut de Reus que le da un punto fresco. En conjunto, es un postre completo, dulce pero nada pesado.
Helado El Tribut: de avellana, chocolate, tomillo y un toque de agua de mar. Aquí, cada ingrediente tiene su sentido: la avellana por ese punto terroso del modernismo, el chocolate como guiño al hierro de la época, el tomillo por la etapa naturista de Gaudí y el agua de mar por la influencia del Mediterráneo. En resumen, un postre curioso y muy bien pensado.
Tribut, un imprescindible del Port de Barcelona
Salimos felices. Tribut es de esos sitios donde todo encaja: el espacio, el servicio, los vinos y una cocina que apetece repetir. Y si queréis otro tipo de propuesta, también os recomiendo leer mi paso por Leña, un restaurante centrado en carnes y otras opciones a la brasa.
Salut i vida!
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